Los 29 siempre fueron nuestros días. Para lo bueno o para lo malo. Me
hubiese encantado que no lo proceses solo, que lo hablaras conmigo, que
veamos juntos qué le pasaba a la relación para cambiarlo juntos. Pero
decidiste por mi, te adelantaste a todo lo que podría haber dicho, ¿y yo
qué puedo hacer? ¿Y ahora qué voy a hacer?
Seguís siendo mi amor, seguís siéndolo... Vos sabés lo que a mi me cuesta
soltar a las personas. Y a vos menos, el amor que te tengo es tan grande
que ni enojarme puedo con vos. Ya debería estar acostumbrada a tus baldes
de agua fría, pero se ve que uno nunca se acostumbra a esas cosas.
Sos/fuiste el primero en todo, en enamorarme y en romperme el corazón.
Siempre fuiste el primero en mi vida.
Sos hermoso, cuerpo, cara, espíritu, sonrisa, decisión y perseverancia,
pies firmes en la tierra que hacen que logres todo lo que te propongas.
Todo eso voy a extrañar. Y todo eso admiro.
La lluvia es lo que menos me duele.
De esto saco mis virtudes, no entiendo cómo cuernos hago eso, sacar
virtud de esta revolución emocional (pará, ya lo había dicho Gustavo:
"sacar belleza de este caos es virtud"). Aprendí que no me apego a tus
cosas, a todos los objetos que me remiten a vos. Pero sí a tus recuerdos.
Estoy triste, sigo triste. No quiero entender ni me estoy esforzando en
hacerlo. Sé que es el amor que siento por vos lo que me hace aceptar y
acepto todo lo que me digas. Me encantaste y me encantás, yo sigo
hablando en presente aunque para vos ya no exista ese tiempo verbal. Sé
que vas a ser el mejor en todo lo que desees ser.
Me enseñaste a amar y a ser amada y algunos dicen que esa es la enseñanza
de mayor grandeza en la vida.
Te extraño, pienso en vos, pienso en vos todos los días.
No hay comentarios:
Publicar un comentario