Los te-amo agotados y los corazones sin armar.
Debí darme cuenta de esa escasez, aún cuando tus mensajes no fueran claros.
Quizás exista un punto y coma exacto en el que te perdí. En el que dejaste de ser mío.
No me suelo quedar mucho tiempo en el pasado, pero sé que tengo una fijación con el fin relativo de las cosas y eso mismo es lo que me hace pensarlo.
Nunca entendí nada, si mío, si tuyo, si de los dos. Lo proceso, lo mastico sin sacar demasiadas conclusiones. Siempre vuelve lo que me dijiste.
Los corazones sin armar.
Hay varias partes confusas en la miniserie que duró una semana. Cuando duró 24 días fue peor.
Tenés siempre las excusas perfectas para quedar bien, los cálculos correctos.
Quizás existan los puntos suspensivos que repensaste antes de decirlo y gritarlo y escupirlo y vomitármelo en la frente, en los ojos.
Los te-amo agotados y el dolor más increíble nunca jamás sentido en la historia universal. Dolor miserable.
La firmeza del suelo te estaba aburriendo. Las risas te estaban aburriendo. Las anécdotas te estaban aburriendo. Quizá exista una línea recta que cuente nuestros cuentos y nos relate, una línea omnisciente que abarcara todo en una simple línea... Desde donde estuve siempre parada la vi curva.
Los te-amo que quedan en stock, pocos, poquísimos; y los corazones.
La memoria sigue grabando y reproduce algunos momentos. Me busca doblar a veces, y yo me encargo de estar bien.
Estoy llena de sonrisas para mostrar.
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