16 de julio de 2012

Te escuché, te miré, te busqué tantas veces en tantas almas y en tantos surcos profundos e indefinidos, probablemente irreales; con la certeza y quizá tristeza de verte escondido y nítido detrás de esa ventana, jugando a no ser vos y a no ser quién, riendo para vos entre humos que nublan el licor y prometen cambios o curas. Tus ojos pensantes y confusos y llenos de ira; sí, esa violencia arremangada y lista, siempre lista aguardando el momento justo para golpear mi talón de aquiles y así declarar tu victoria.

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